lunes, 3 de agosto de 2009

Buscando la continuidad en el suministro de gas natural

El gas natural es un servicio público domiciliario que se entrega a los usuarios finales a través de redes físicas al igual que se prestan otros servicios públicos como la electricidad y el agua potable. No obstante, también es un hidrocarburo que se encuentra y se extrae del subsuelo con la misma tecnología que se utiliza para explorar y explotar el petróleo.

Aunque no se observa a simple vista, estas características implican a su vez dos condiciones difíciles de conciliar, que generan contradicciones más evidentes cuando los mercados crecen y se consolidan ante un panorama incierto en el lado de la oferta. Por un lado se tiene la necesidad de garantizar el suministro continuo que exige la prestación de cualquier servicio público domiciliario, y por el otro, se debe afrontar un riesgo de oferta que en algunos casos impide que se tenga el suministro de gas suficiente para soportar la tendencia de crecimiento que impone el consumo de los usuarios finales.

Cuando se trata de electricidad, la continuidad del suministro se enfoca principalmente en el diseño de esquemas regulatorios y normativos lo suficientemente atractivos y estables para que la inversión privada incremente la oferta en las cantidades necesarias para garantizar una adecuada atención de la demanda. En la práctica, incrementos de oferta se obtienen con la instalación de unidades adicionales, dimensionadas con base en las proyecciones de consumo de electricidad. Lo anterior no desconoce la complejidad que puede implicar, en algunos casos, hacer atractiva la actividad de generación para la inversión privada, pero si puntualizar que los riesgos solo se relacionan con el éxito que se tenga en incentivar la instalación oportuna del parque de generación requerido por el mercado.

Cuando se trata de la continuidad en el suministro de gas natural, si bien es cierto que también debe existir un marco regulatorio y normativo lo suficientemente atractivo para promover la inversión en el incremento de oferta, también se debe lidiar con el riesgo geológico que al final es el que determina si un país cuenta o no con los recursos naturales necesarios para soportar el crecimiento de la demanda. En este aspecto es donde aparecen las diferencias con otros servicios públicos y por lo tanto las complejidades para asegurar la continuidad de la oferta.

Un repaso a las experiencias vividas por otros países latinoamericanos, permite observar como en todos los casos las políticas gubernamentales terminan favoreciendo la continuidad de la oferta, sobre el costo de la alternativa tecnológica o de mercado que permita asegurar el suministro. Esto sin duda confirma que el bien o servicio más costoso es aquel que no se tiene.

Entre los países de la región latinoamericana que cuentan con mercados de gas natural, pueden identificarse tres grupos: i) países que no cuentan con potencial de recursos naturales y por lo tanto han desarrollado sus mercados sobre la base de importaciones de países vecinos a través de gasoductos; ii) países que han desarrollado sus mercados domésticos a partir de la explotación de las reservas de gas natural que han sido descubiertas a nivel interno, y en los que la demanda llega a superar la oferta disponible; y finalmente iii) países con un gran potencial de recursos que enfocan su explotación a los mercados internacionales y que por lo tanto su prioridad no ha sido el mercado interno.

En el primer grupo se puede ubicar a Chile y a Uruguay. Estos dos países históricamente han sido abastecidos con el gas natural proveniente de Argentina a través de gasoductos e interconexiones con dicho país. Desde 2004 Chile enfrentó problemas de oferta cuando Argentina interrumpió las exportaciones de gas, lo cual indujo al gobierno chileno a iniciar los estudios tendientes a encontrar una alternativa de suministro que le permitiera contar con la continuidad que exige la prestación del servicio. El resultado fue la construcción de un terminal de regasificación[1] en la bahía de Quintero al norte de Valparaíso, que le permite al país acceder al mercado internacional, donde cuenta con diferentes opciones para la compra del gas natural que requiere su mercado doméstico. Cuatro empresas energéticas de gran prestigio y trayectoria lideran el proyecto que entró en operación a finales de junio de este año.

En cuanto a Uruguay, su presidente en un encuentro histórico con el presidente de Bolivia durante el último mes se reunió para discutir temas bilaterales, entre los que se incluyó el suministro de gas. Los mandatarios avanzaron en un plan para que Bolivia tenga una salida al océano Atlántico a través de puertos uruguayos, a cambio del suministro de gas boliviano en condiciones preferenciales a la nación oriental.

En el segundo grupo se puede ubicar a Argentina, Colombia, México y Brasil. Estos países han implementado políticas de desarrollo tendientes a sustituir de la matriz energética, el consumo de combustibles derivados del petróleo por gas natural, a partir de reservas que fueron encontrando en desarrollo de las actividades exploratorias en busca de hidrocarburos[2]. Con el crecimiento del consumo a nivel interno y el agotamiento de las reservas descubiertas los gobiernos se vieron obligados a enfocar sus esfuerzos en encontrar medidas para darle continuidad a los mercados domésticos. Argentina suspendió las exportaciones y recientemente se encuentra en negociaciones para importar gas desde Bolivia. Por su parte México y Brasil tuvieron que importar gas natural, inicialmente a través de gasoductos (de Estados Unidos y Bolivia respectivamente), y recientemente también compraron el tiquete de acceso al mercado internacional con la instalación de terminales de regasificación. Colombia, a la fecha, ha contado con las reservas suficientes para soportar los crecimientos de consumo e incluso ha podido exportar gas a Venezuela, no obstante en un horizonte de mediano plazo debe empezar a estudiar en detalle alternativas de suministro que preserven la continuidad del servicio más allá del 2017, según los balances publicados por la industria.

En el tercer grupo se puede ubicar a Venezuela, Trinidad y Tobago, Bolivia y Perú. Entre ellos se encuentran los países con las mayores reservas de gas natural en la región y paradójicamente poseen los mercados de gas natural menos desarrollados. Sus gobiernos han enfocado sus políticas de explotación de las reservas de gas natural hacia la exportación, como es el caso de Trinidad y Tobago, o simplemente no han logrado atraer los recursos de capital necesarios para explotar los yacimientos, como es el caso de Bolivia. En este grupo, los consumidores domésticos pueden enfrentar un desabastecimiento si al momento de planificar las exportaciones no se tiene el cuidado de fijar reglas claras que garanticen la oferta de gas a nivel interno. Existe la tentación de autorizar la mayor cantidad de gas para exportación con el fin de incrementar los ingresos que reciben los gobiernos por concepto de divisas.

Por ejemplo Perú, encontró un gran yacimiento que se explota en la actualidad con énfasis a su comercialización en el mercado internacional, no obstante, recientemente el gobierno ha anunciado que podría hacer uso de una cláusula prevista en el contrato con la petrolera argentina que explota las reservas, para que el consumo peruano disponga de suficiente gas natural.

Como se puede ver, cada grupo de países ha tenido una dinámica diferente en su proceso por garantizar la continuidad del servicio, en función del desarrollo que han tenido sus mercados internos. Si bien el objetivo de garantizar la continuidad en el lado de la oferta debiera ser común a todos los gobiernos, sin importar el potencial de recursos naturales del país, en algunos casos la experiencia ha mostrado que no se incluye este concepto en las políticas económicas, lo cual termina por comprometer el desarrollo de los mercados.

Para fortuna de los consumidores y de los mercados regionales, en la actualidad es una realidad que la continuidad del lado de la oferta se ve favorecida por el desarrollo de un mercado mundial de gas natural, que permite contar con alternativas cuando se enfrentan situaciones de desabastecimiento. Se han reducido los costos de la tecnología de gas natural licuado y sin duda han aumentado las transacciones de corto plazo que permiten que este mercado se vuelva más competitivo día a día.

Los efectos en materia energética de las dificultades y diferencias políticas de los gobiernos latinoamericanos pueden reducirse por el desarrollo de un mercado internacional de gas natural al que se puede acceder cada día con mayor facilidad. No obstante es necesario tomar las decisiones a tiempo para incentivar las inversiones y la ejecución de los proyectos en el momento oportuno y evitar así desabastecimientos locales o interrupciones a la dinámica de crecimiento de los mercados.



[1] Es un terminal que permite importar gas natural que se transporta en estado líquido. Se recibe líquido y se devuelve a su estado gaseoso para después inyectarlo a los gasoductos.

[2] Históricamente, las empresas petroleras se enfocaban en la búsqueda de petróleo y cuando encontraban gas natural, este era destinado para suplir las necesidades de operación de los campos o para abastecer mercados regionales ubicados en la proximidad de los yacimientos.

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