domingo, 22 de noviembre de 2009

¿Para dónde vamos?

Conservar en mente la meta, sin duda ayuda a enfrentar acertadamente los obstáculos del camino. Una analogía más práctica al respecto, la compartió con el auditorio un destacado empresario colombiano en una conferencia a la que asistí hace unos años. El decía: "Si usted quiere aprender a esquiar en el agua, el secreto está en mirar a la lancha y no a sus pies".
El sector minero energético colombiano ha venido incrementando su protagonismo en los últimos años, a tal punto que de acuerdo con Planeación Nacional "(...) se ha convertido en eje del desarrollo económico del país. Las exportaciones de petróleo y sus derivados, de carbón, níquel y otros minerales y, desde el año anterior, de energía eléctrica, ubicaron a este sector como líder en exportaciones, desplazando sectores tan importantes como el agrícola y el de exportaciones no tradicionales industriales. La participación del sector minero energético en las exportaciones totales del país pasó de 20% en 1994, a 47% en 2005. Así mismo, su contribución a la generación del PIB se ha incrementado, pasando de 6% en 1994 a 7,3% en el tercer trimestre de 2005 (...)"[1].
Gracias a esta relevancia, en el país hemos avanzado en la definición de una visión de futuro para este sector, la cual se encuentra plasmada en diferentes documentos de política elaborados por el mismo Gobierno y en el marco normativo desarrollado por el Congreso de la República desde la expedición de la Constitución de 1991. En términos generales, el país le apostó a un esquema de competencia y desarrollo gradual hacia mercados abiertos de energía, con una participación activa del capital privado y un rol de regulación, control y vigilancia por parte del Estado. Se implementó un ordenamiento institucional que sirviera de soporte para atraer la inversión necesaria para asegurar la oferta energética requerida por el país y que a su vez, adoptara las reglas de juego que protegieran los intereses de los consumidores. El esquema ha permitido enfrentar dos fenómenos de “El Niño” (1997-1998 y 2006-2007) sin necesidad de racionamientos.
Sin embargo, con el inicio de un nuevo fenómeno de “El Niño” durante este año, y por razones que prefiero no entrar a discutir, solamente se evidencia la falta de coherencia en el actuar del Gobierno con las políticas de largo plazo, llevándonos a quedar enredados mirándonos los pies, cuando deberíamos estar mirando la lancha.
Con la evolución de “El Niño” se han reducido los aportes hidrológicos y por lo tanto se ha incrementado la generación térmica inducida por los mayores precios del mercado, que reacciona en forma casi automática para dar una señal de ahorro del agua para el futuro. El incremento de la operación térmica aumentó el consumo de gas natural de este sector que empezó a utilizar el gas que tenía contratado y que tiene mayor prioridad que el gas que tenían contratado algunas industrias y estaciones de servicio que proveen este combustible a los vehículos.
Con el inicio de las interrupciones en el suministro de gas a estos consumidores que siempre estuvieron expuestos a una contratación sin garantía de entrega, el Gobierno improvisó medidas que buscaron mejorarle las condiciones a estos contratos. Las medidas terminaron por sustituir los acuerdos contractuales y cubrir la responsabilidad de aquellos agentes que no les informaron a sus clientes con la debida antelación las condiciones del servicio que les estaban vendiendo. En un mercado, los agentes deben ser responsables por sus decisiones y si existe un Gobierno que los salve en el camino, se eliminan los incentivos a comportarse correctamente.
Se expidieron otras medidas que terminaron por intervenir el funcionamiento del mercado eléctrico y anulando una buena parte de las señales económicas que generan los precios en un mercado. En este proceso, el gobierno en cabeza del Ministerio de Minas y Energía viene atentando contra la independencia técnica del regulador, emitiendo normas que no tienen un sustento técnico fuerte, que no se someten al mismo proceso de consulta y que abarcan aspectos del resorte de la CREG.
Así mismo, el proceso de privatización de ISAGEN también ha servido de escenario para que el Gobierno confirme lo alejado que se encuentra su actuar de la política energética existente. El gobierno insiste en abrir el camino para que EPM se quede con ISAGEN, pasando a como dé lugar por encima de las reglas creadas por la CREG para defender la competencia. La promoción de la competencia debe ser la estrategia para captar el interés del capital privado en este país y en especial en este sector.
Pero no solo el Gobierno quiere hacer a un lado el norte que se ha definido para el sector. Los columnistas de opinión se han dedicado a descalificar todo el esquema de la Ley 142, y en el caso del gas natural sin un entendimiento completo de dicho mercado. Por su parte, el administrador del mercado eléctrico viene insistiendo cada vez más en operar el mercado del gas natural en la misma forma que operan el eléctrico y, desafortunadamente, el Gobierno le ha dado trámite a los intereses de este agente que de acuerdo a su concepción debiera ser neutral en el mercado. No es posible comparar el gas natural con la electricidad sin tener en cuenta las características que hacen tan diferentes a estos dos mercados.
Parece ser entonces que en algún momento perdimos de vista la perspectiva de futuro que hemos venido construyendo desde 1994 para el sector energético y lo más preocupante es que todas las medidas recientes afectan directamente la estabilidad de las reglas de juego y por ende el interés del capital privado en este sector. A largo plazo, será el consumidor el mayor afectado ya que el servicio más costoso sin duda es aquel que no se tiene. Nosotros mismos podemos dar cuenta de ello por nuestra experiencia en 1992 y si de pronto ya perdimos la memoria, solo tenemos que mirar a nuestros vecinos en la actualidad.


[1] 2019 Visión Colombia II Centenario “Generar una infraestructura adecuada para el desarrollo”. Departamento Nacional de Planeación. 2006.

domingo, 18 de octubre de 2009

Sobre la libertad de opinión y la generación de ideas constructivas

En un mundo de libertad de opinión, la premisa fundamental debe ser el respeto por todas las formas de pensamiento. No obstante, una cosa es permitir la libertad de expresión y otra es dejar pasar en un medio de comunicación tan prestante un artículo impreciso que lo único que genera es desinformación. No es posible que salga a la luz pública un artículo con información incompleta y manipulada como el publicado por el Diario El Tiempo en su edición del domingo 18 de octubre de 2009 escrito por Diego Otero Prada y titulado ¿Otra vez sin luz?

El Niño y el racionamiento

El último racionamiento en efecto fue en 1992-1993 pero desde ese año han pasado ya dos fenómenos de El Niño (97-98 más severo aún y 06-07) y no se presentaron racionamientos. El análisis del artículo se basa en el fenómeno de 1992-1993 y no considera lo ocurrido desde ese año.

¿Qué el país no aprende de sus experiencias? 

En 1994 se expidió la Ley 142 de 1994 que modificó por completo el esquema del sector energético y corrigió muchos de los errores que provocaron el racionamiento. Es muy diferente decir que el esquema es susceptible de mejoras a decir que no se ha hecho nada después de que el país le apostó a un esquema que ha venido trabajando por más de 15 años.

Desregulación de precios y esquema de mercado

Desregulación de precios a  nivel de generación y esquema de mercado no implican ausencia de medidas regulatorias encaminadas a asegurar la oferta energética que requiere el país. En Colombia contamos con un esquema para asegurar la atención de la demanda eléctrica que es ejemplo para muchos países del mundo. Gracias a este esquema hoy existe la seguridad de que las plantas que están instaladas en el país están efectivamente disponibles para generar electricidad en el momento en que el país lo requiera. El esquema cubre a la demanda tanto en cantidad como en precio.

El llamado es entonces a que el debate se centre en la generación de ideas que aporten a mejorar el esquema vigente y no entregarle al país informaciones incompletas que lo único que generan es desesperanza y para nada contribuyen a la construcción de un mejor funcionamiento de los mercados.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Reacciones a propósito de la situación del gas

Han pasado 15 años desde la aparición de la Ley de servicios públicos que introdujo elementos de mercado a la prestación de servicios como la electricidad y el gas combustible, con el convencimiento de los beneficios que traerían para la economía en general. Entre ellos, podemos encontrar por ejemplo que los mercados promueven naturalmente la utilización eficiente de los diferentes recursos disponibles en una economía.

Después de transcurrido este tiempo, todavía persisten las presiones por parte de algunos sectores para que sea el Gobierno quien dirija las decisiones en estos mercados, sin importarles los efectos que esto pueda generar sobre las reglas que desde hace 15 años viene diseñando un ente regulador que tiene la tarea de generar el ambiente para que los mercados operen eficientemente.

Sin duda los momentos críticos como los que se viven en la actualidad con el suministro del gas natural son más propicios a este tipo de presiones, sobre todo cuando algunos consumidores ven como les suspenden de un día para otro el servicio. La situación de desabastecimiento a los taxis empieza a volverse un problema de orden público, el Gobierno habla de intervención y con toda la polémica se llega al extremo de poner en duda la sostenibilidad del esquema y algunos incluso se preocupan por la atención de la demanda eléctrica, motivados en el miedo a que se repita un racionamiento como el que enfrentó el país a principios de los 90.

Desafortunadamente, este proceso no genera nada productivo y por el contrario si siembra un manto de dudas sobre los beneficios que puede generar un ambiente de mercado abierto. Es necesario aclarar que la intención no es afirmar que el mercado actual opera a la perfección, esto es imposible incluso en los mercados más desarrollados, pero el llamado si es a que el país interiorice el esquema bajo el cual vienen operando la electricidad y el gas combustible desde hace 15 años y le apueste a mejorarlo día a día a través del fortalecimiento de la regulación económica y sin intervenciones improvisadas.

En una economía de mercado, el sistema de precios es el que permite que se asignen eficientemente los recursos, y en el caso de la electricidad, ante una escasez esperada del recurso más abundante para generación (el agua en el caso colombiano), es natural que los precios se incrementen como una señal para que se utilicen otros recursos en la producción de electricidad. De esta manera el mercado reduce la utilización del agua hoy para guardarla para el futuro. El esquema ha superado ya varios fenómenos de El Niño y no se ha vuelto a presentar un racionamiento, lo que comprueba que se debe defender y fortalecer antes de alterarlo con intervenciones coyunturales. La historia ha demostrado que la planificación centralizada de la economía no tiene la capacidad para replicar lo que hace día a día un mercado en el cual participan cientos de agentes tomando decisiones racionales.

La mayor utilización del gas para generación eléctrica ha generado interrupciones en el suministro de este combustible a las estaciones de servicio y a las industrias, sin embargo no se puede culpar por ello ni a los generadores térmicos ni al mercado eléctrico. Intervenir para reducir la generación a gas sería una medida motivada por la coyuntura y fundamentada en un diagnóstico errado que tendría efectos negativos en el largo plazo. Antes de plantear soluciones es necesario analizar la situación con cabeza fría.

Los generadores térmicos tienen sus contratos de suministro que les aseguran el gas que requieren para su operación lo cual es apenas racional en un mercado. Por supuesto, cuando hay suficiente agua para generar la electricidad que requiere el país, este gas queda disponible para la venta y efectivamente ha sido así como algunas industrias y estaciones de servicio han adquirido el gas, sin embargo estas ventas no eliminan la prioridad que tienen los generadores térmicos que compraron primero el gas, por lo que es evidente que las industrias y estaciones de servicio que compraron el gas en estas condiciones no tienen, y mucho menos podrían exigir, un suministro continuo que no contrataron.

Si bien es una realidad que una parte del crecimiento de la demanda de gas de los últimos años se ha soportado en un suministro que puede ser interrumpido, esto no constituye una imperfección del mercado entre otras porque aquellos que aceptaron un gas sin garantía de continuidad tienen la posibilidad de utilizar otro combustible. Evidentemente, lo ideal sería que hubiera crecido la capacidad de producción de gas natural en la misma proporción que la demanda, sin embargo esto solo lo determinan las posibilidades geológicas de un país y no depende ni del mercado, ni de sus agentes y mucho menos del Gobierno.

Sería desafortunada una intervención del Gobierno en este momento de presión por parte de la opinión pública para tratar de otorgarles el derecho a la continuidad del suministro de gas a unos consumidores que por la vía de los contratos no lo tienen. La situación debe aprovecharse para fortalecer el mercado y la forma de hacerlo es dejando que los agentes asuman la responsabilidad de las decisiones que tomaron libremente. Para nadie era un secreto el riesgo de estos contratos y por lo tanto debieron cubrir la eventualidad de la interrupción del suministro, sin embargo a menos que el Gobierno promueva la responsabilidad, seguirá recibiendo presiones para que intervenga los mercados.

lunes, 21 de septiembre de 2009

En defensa de la competencia...

Tal vez lo más relevante que trae para el sector de los servicios públicos la Ley 1340 de 2009, por medio de la cual se dictan normas en materia de protección de la competencia, es la aclaración de que el superintendente de industria y comercio es el funcionario competente para realizar el control de las integraciones empresariales que pretendan realizar las empresas de este sector, para efectos de fusionarse o consolidarse.

Así, se eliminan los posibles traslapos de competencias entre entidades y se le encarga a una sola autoridad (la Superintendencia de Industria y Comercio – SIC), que cuenta con mayor especialización en el estudio de los temas relacionados con la defensa de la competencia, la tarea de controlar las operaciones de integración y en general de vigilar las conductas de los agentes de los sectores de electricidad y gas combustible.

Sin duda, la nueva ley constituye un paso en la dirección correcta para promover la competencia en un sector que fue orientado en esta dirección, desde la expedición de la Constitución de 1991 y la Ley 142 de 1994, buscando que fueran los consumidores los directamente beneficiados de tener un mercado eléctrico competitivo.

Las facultades para defender la competencia de la nueva ley, se pondrán a prueba cuando se ofrezca para la venta la propiedad del Estado en ISAGEN y el comprador interesado resulte ser alguno de los generadores que operan hoy en día en Colombia. Podría ser, que no se autorice una integración si se mantienen las restricciones regulatorias vigentes, pero también es posible que se autorice la operación, en cuyo caso, habría que evaluar qué tan apta es la SIC para vigilar un mercado que operaría con mayor concentración que el actual, en el cual existe una diversidad de agentes apenas suficiente para que se pueda considerar como un mercado en competencia.

En efecto, uno de los índices más utilizados para determinar el nivel de concentración de un mercado es el índice de Herfindahl-Hirschman o IHH, que arroja un resultado sobre el límite entre un mercado competido y un mercado moderadamente concentrado. El cálculo para la generación de energía en el período comprendido entre marzo de 2008 y marzo de 2009 es igual a 1.698. La literatura indica que un mercado se considera menos competitivo o que enfrenta niveles moderados de concentración, cuando este número es superior a 1.800.

A lo anterior debe agregarse que el 80% de la energía del sistema es producida por generadores hidráulicos, lo cual indica que esta tecnología es la que podría definir los precios en la mayor parte del tiempo (en las horas de mayor demanda puede haber generadores térmicos definiendo el precio, sin embargo esto sucede unas pocas horas del día). De esta energía hidráulica, el 78% es producida por solo tres empresas (cada una alrededor del 25%) entre las que se encuentra ISAGEN. La situación a futuro tiende a mantenerse, en el mejor de los casos, toda vez que los proyectos más grandes que serán construidos para atender la demanda de electricidad serán ejecutados por estas tres empresas.

Sin duda, autorizar una integración entre generadores existentes con ISAGEN, podría incrementar el riesgo de un abuso de posición dominante y por eso sería deseable que esta empresa quedara en manos de un nuevo jugador. Si esto no sucede, será necesario que se fortalezca la SIC para monitorear oportunamente el mercado y que se le otorguen herramientas de sanción lo suficientemente disuasivas para defender la competencia. Si bien posición dominante no implica un abuso de la misma, la práctica muestra que esto solo se cumple cuando el mercado sabe que los costos o efectos negativos de incurrir en prácticas restrictivas de la competencia superan los beneficios que pueden obtener.

lunes, 3 de agosto de 2009

Buscando la continuidad en el suministro de gas natural

El gas natural es un servicio público domiciliario que se entrega a los usuarios finales a través de redes físicas al igual que se prestan otros servicios públicos como la electricidad y el agua potable. No obstante, también es un hidrocarburo que se encuentra y se extrae del subsuelo con la misma tecnología que se utiliza para explorar y explotar el petróleo.

Aunque no se observa a simple vista, estas características implican a su vez dos condiciones difíciles de conciliar, que generan contradicciones más evidentes cuando los mercados crecen y se consolidan ante un panorama incierto en el lado de la oferta. Por un lado se tiene la necesidad de garantizar el suministro continuo que exige la prestación de cualquier servicio público domiciliario, y por el otro, se debe afrontar un riesgo de oferta que en algunos casos impide que se tenga el suministro de gas suficiente para soportar la tendencia de crecimiento que impone el consumo de los usuarios finales.

Cuando se trata de electricidad, la continuidad del suministro se enfoca principalmente en el diseño de esquemas regulatorios y normativos lo suficientemente atractivos y estables para que la inversión privada incremente la oferta en las cantidades necesarias para garantizar una adecuada atención de la demanda. En la práctica, incrementos de oferta se obtienen con la instalación de unidades adicionales, dimensionadas con base en las proyecciones de consumo de electricidad. Lo anterior no desconoce la complejidad que puede implicar, en algunos casos, hacer atractiva la actividad de generación para la inversión privada, pero si puntualizar que los riesgos solo se relacionan con el éxito que se tenga en incentivar la instalación oportuna del parque de generación requerido por el mercado.

Cuando se trata de la continuidad en el suministro de gas natural, si bien es cierto que también debe existir un marco regulatorio y normativo lo suficientemente atractivo para promover la inversión en el incremento de oferta, también se debe lidiar con el riesgo geológico que al final es el que determina si un país cuenta o no con los recursos naturales necesarios para soportar el crecimiento de la demanda. En este aspecto es donde aparecen las diferencias con otros servicios públicos y por lo tanto las complejidades para asegurar la continuidad de la oferta.

Un repaso a las experiencias vividas por otros países latinoamericanos, permite observar como en todos los casos las políticas gubernamentales terminan favoreciendo la continuidad de la oferta, sobre el costo de la alternativa tecnológica o de mercado que permita asegurar el suministro. Esto sin duda confirma que el bien o servicio más costoso es aquel que no se tiene.

Entre los países de la región latinoamericana que cuentan con mercados de gas natural, pueden identificarse tres grupos: i) países que no cuentan con potencial de recursos naturales y por lo tanto han desarrollado sus mercados sobre la base de importaciones de países vecinos a través de gasoductos; ii) países que han desarrollado sus mercados domésticos a partir de la explotación de las reservas de gas natural que han sido descubiertas a nivel interno, y en los que la demanda llega a superar la oferta disponible; y finalmente iii) países con un gran potencial de recursos que enfocan su explotación a los mercados internacionales y que por lo tanto su prioridad no ha sido el mercado interno.

En el primer grupo se puede ubicar a Chile y a Uruguay. Estos dos países históricamente han sido abastecidos con el gas natural proveniente de Argentina a través de gasoductos e interconexiones con dicho país. Desde 2004 Chile enfrentó problemas de oferta cuando Argentina interrumpió las exportaciones de gas, lo cual indujo al gobierno chileno a iniciar los estudios tendientes a encontrar una alternativa de suministro que le permitiera contar con la continuidad que exige la prestación del servicio. El resultado fue la construcción de un terminal de regasificación[1] en la bahía de Quintero al norte de Valparaíso, que le permite al país acceder al mercado internacional, donde cuenta con diferentes opciones para la compra del gas natural que requiere su mercado doméstico. Cuatro empresas energéticas de gran prestigio y trayectoria lideran el proyecto que entró en operación a finales de junio de este año.

En cuanto a Uruguay, su presidente en un encuentro histórico con el presidente de Bolivia durante el último mes se reunió para discutir temas bilaterales, entre los que se incluyó el suministro de gas. Los mandatarios avanzaron en un plan para que Bolivia tenga una salida al océano Atlántico a través de puertos uruguayos, a cambio del suministro de gas boliviano en condiciones preferenciales a la nación oriental.

En el segundo grupo se puede ubicar a Argentina, Colombia, México y Brasil. Estos países han implementado políticas de desarrollo tendientes a sustituir de la matriz energética, el consumo de combustibles derivados del petróleo por gas natural, a partir de reservas que fueron encontrando en desarrollo de las actividades exploratorias en busca de hidrocarburos[2]. Con el crecimiento del consumo a nivel interno y el agotamiento de las reservas descubiertas los gobiernos se vieron obligados a enfocar sus esfuerzos en encontrar medidas para darle continuidad a los mercados domésticos. Argentina suspendió las exportaciones y recientemente se encuentra en negociaciones para importar gas desde Bolivia. Por su parte México y Brasil tuvieron que importar gas natural, inicialmente a través de gasoductos (de Estados Unidos y Bolivia respectivamente), y recientemente también compraron el tiquete de acceso al mercado internacional con la instalación de terminales de regasificación. Colombia, a la fecha, ha contado con las reservas suficientes para soportar los crecimientos de consumo e incluso ha podido exportar gas a Venezuela, no obstante en un horizonte de mediano plazo debe empezar a estudiar en detalle alternativas de suministro que preserven la continuidad del servicio más allá del 2017, según los balances publicados por la industria.

En el tercer grupo se puede ubicar a Venezuela, Trinidad y Tobago, Bolivia y Perú. Entre ellos se encuentran los países con las mayores reservas de gas natural en la región y paradójicamente poseen los mercados de gas natural menos desarrollados. Sus gobiernos han enfocado sus políticas de explotación de las reservas de gas natural hacia la exportación, como es el caso de Trinidad y Tobago, o simplemente no han logrado atraer los recursos de capital necesarios para explotar los yacimientos, como es el caso de Bolivia. En este grupo, los consumidores domésticos pueden enfrentar un desabastecimiento si al momento de planificar las exportaciones no se tiene el cuidado de fijar reglas claras que garanticen la oferta de gas a nivel interno. Existe la tentación de autorizar la mayor cantidad de gas para exportación con el fin de incrementar los ingresos que reciben los gobiernos por concepto de divisas.

Por ejemplo Perú, encontró un gran yacimiento que se explota en la actualidad con énfasis a su comercialización en el mercado internacional, no obstante, recientemente el gobierno ha anunciado que podría hacer uso de una cláusula prevista en el contrato con la petrolera argentina que explota las reservas, para que el consumo peruano disponga de suficiente gas natural.

Como se puede ver, cada grupo de países ha tenido una dinámica diferente en su proceso por garantizar la continuidad del servicio, en función del desarrollo que han tenido sus mercados internos. Si bien el objetivo de garantizar la continuidad en el lado de la oferta debiera ser común a todos los gobiernos, sin importar el potencial de recursos naturales del país, en algunos casos la experiencia ha mostrado que no se incluye este concepto en las políticas económicas, lo cual termina por comprometer el desarrollo de los mercados.

Para fortuna de los consumidores y de los mercados regionales, en la actualidad es una realidad que la continuidad del lado de la oferta se ve favorecida por el desarrollo de un mercado mundial de gas natural, que permite contar con alternativas cuando se enfrentan situaciones de desabastecimiento. Se han reducido los costos de la tecnología de gas natural licuado y sin duda han aumentado las transacciones de corto plazo que permiten que este mercado se vuelva más competitivo día a día.

Los efectos en materia energética de las dificultades y diferencias políticas de los gobiernos latinoamericanos pueden reducirse por el desarrollo de un mercado internacional de gas natural al que se puede acceder cada día con mayor facilidad. No obstante es necesario tomar las decisiones a tiempo para incentivar las inversiones y la ejecución de los proyectos en el momento oportuno y evitar así desabastecimientos locales o interrupciones a la dinámica de crecimiento de los mercados.



[1] Es un terminal que permite importar gas natural que se transporta en estado líquido. Se recibe líquido y se devuelve a su estado gaseoso para después inyectarlo a los gasoductos.

[2] Históricamente, las empresas petroleras se enfocaban en la búsqueda de petróleo y cuando encontraban gas natural, este era destinado para suplir las necesidades de operación de los campos o para abastecer mercados regionales ubicados en la proximidad de los yacimientos.