jueves, 24 de septiembre de 2009

Reacciones a propósito de la situación del gas

Han pasado 15 años desde la aparición de la Ley de servicios públicos que introdujo elementos de mercado a la prestación de servicios como la electricidad y el gas combustible, con el convencimiento de los beneficios que traerían para la economía en general. Entre ellos, podemos encontrar por ejemplo que los mercados promueven naturalmente la utilización eficiente de los diferentes recursos disponibles en una economía.

Después de transcurrido este tiempo, todavía persisten las presiones por parte de algunos sectores para que sea el Gobierno quien dirija las decisiones en estos mercados, sin importarles los efectos que esto pueda generar sobre las reglas que desde hace 15 años viene diseñando un ente regulador que tiene la tarea de generar el ambiente para que los mercados operen eficientemente.

Sin duda los momentos críticos como los que se viven en la actualidad con el suministro del gas natural son más propicios a este tipo de presiones, sobre todo cuando algunos consumidores ven como les suspenden de un día para otro el servicio. La situación de desabastecimiento a los taxis empieza a volverse un problema de orden público, el Gobierno habla de intervención y con toda la polémica se llega al extremo de poner en duda la sostenibilidad del esquema y algunos incluso se preocupan por la atención de la demanda eléctrica, motivados en el miedo a que se repita un racionamiento como el que enfrentó el país a principios de los 90.

Desafortunadamente, este proceso no genera nada productivo y por el contrario si siembra un manto de dudas sobre los beneficios que puede generar un ambiente de mercado abierto. Es necesario aclarar que la intención no es afirmar que el mercado actual opera a la perfección, esto es imposible incluso en los mercados más desarrollados, pero el llamado si es a que el país interiorice el esquema bajo el cual vienen operando la electricidad y el gas combustible desde hace 15 años y le apueste a mejorarlo día a día a través del fortalecimiento de la regulación económica y sin intervenciones improvisadas.

En una economía de mercado, el sistema de precios es el que permite que se asignen eficientemente los recursos, y en el caso de la electricidad, ante una escasez esperada del recurso más abundante para generación (el agua en el caso colombiano), es natural que los precios se incrementen como una señal para que se utilicen otros recursos en la producción de electricidad. De esta manera el mercado reduce la utilización del agua hoy para guardarla para el futuro. El esquema ha superado ya varios fenómenos de El Niño y no se ha vuelto a presentar un racionamiento, lo que comprueba que se debe defender y fortalecer antes de alterarlo con intervenciones coyunturales. La historia ha demostrado que la planificación centralizada de la economía no tiene la capacidad para replicar lo que hace día a día un mercado en el cual participan cientos de agentes tomando decisiones racionales.

La mayor utilización del gas para generación eléctrica ha generado interrupciones en el suministro de este combustible a las estaciones de servicio y a las industrias, sin embargo no se puede culpar por ello ni a los generadores térmicos ni al mercado eléctrico. Intervenir para reducir la generación a gas sería una medida motivada por la coyuntura y fundamentada en un diagnóstico errado que tendría efectos negativos en el largo plazo. Antes de plantear soluciones es necesario analizar la situación con cabeza fría.

Los generadores térmicos tienen sus contratos de suministro que les aseguran el gas que requieren para su operación lo cual es apenas racional en un mercado. Por supuesto, cuando hay suficiente agua para generar la electricidad que requiere el país, este gas queda disponible para la venta y efectivamente ha sido así como algunas industrias y estaciones de servicio han adquirido el gas, sin embargo estas ventas no eliminan la prioridad que tienen los generadores térmicos que compraron primero el gas, por lo que es evidente que las industrias y estaciones de servicio que compraron el gas en estas condiciones no tienen, y mucho menos podrían exigir, un suministro continuo que no contrataron.

Si bien es una realidad que una parte del crecimiento de la demanda de gas de los últimos años se ha soportado en un suministro que puede ser interrumpido, esto no constituye una imperfección del mercado entre otras porque aquellos que aceptaron un gas sin garantía de continuidad tienen la posibilidad de utilizar otro combustible. Evidentemente, lo ideal sería que hubiera crecido la capacidad de producción de gas natural en la misma proporción que la demanda, sin embargo esto solo lo determinan las posibilidades geológicas de un país y no depende ni del mercado, ni de sus agentes y mucho menos del Gobierno.

Sería desafortunada una intervención del Gobierno en este momento de presión por parte de la opinión pública para tratar de otorgarles el derecho a la continuidad del suministro de gas a unos consumidores que por la vía de los contratos no lo tienen. La situación debe aprovecharse para fortalecer el mercado y la forma de hacerlo es dejando que los agentes asuman la responsabilidad de las decisiones que tomaron libremente. Para nadie era un secreto el riesgo de estos contratos y por lo tanto debieron cubrir la eventualidad de la interrupción del suministro, sin embargo a menos que el Gobierno promueva la responsabilidad, seguirá recibiendo presiones para que intervenga los mercados.

lunes, 21 de septiembre de 2009

En defensa de la competencia...

Tal vez lo más relevante que trae para el sector de los servicios públicos la Ley 1340 de 2009, por medio de la cual se dictan normas en materia de protección de la competencia, es la aclaración de que el superintendente de industria y comercio es el funcionario competente para realizar el control de las integraciones empresariales que pretendan realizar las empresas de este sector, para efectos de fusionarse o consolidarse.

Así, se eliminan los posibles traslapos de competencias entre entidades y se le encarga a una sola autoridad (la Superintendencia de Industria y Comercio – SIC), que cuenta con mayor especialización en el estudio de los temas relacionados con la defensa de la competencia, la tarea de controlar las operaciones de integración y en general de vigilar las conductas de los agentes de los sectores de electricidad y gas combustible.

Sin duda, la nueva ley constituye un paso en la dirección correcta para promover la competencia en un sector que fue orientado en esta dirección, desde la expedición de la Constitución de 1991 y la Ley 142 de 1994, buscando que fueran los consumidores los directamente beneficiados de tener un mercado eléctrico competitivo.

Las facultades para defender la competencia de la nueva ley, se pondrán a prueba cuando se ofrezca para la venta la propiedad del Estado en ISAGEN y el comprador interesado resulte ser alguno de los generadores que operan hoy en día en Colombia. Podría ser, que no se autorice una integración si se mantienen las restricciones regulatorias vigentes, pero también es posible que se autorice la operación, en cuyo caso, habría que evaluar qué tan apta es la SIC para vigilar un mercado que operaría con mayor concentración que el actual, en el cual existe una diversidad de agentes apenas suficiente para que se pueda considerar como un mercado en competencia.

En efecto, uno de los índices más utilizados para determinar el nivel de concentración de un mercado es el índice de Herfindahl-Hirschman o IHH, que arroja un resultado sobre el límite entre un mercado competido y un mercado moderadamente concentrado. El cálculo para la generación de energía en el período comprendido entre marzo de 2008 y marzo de 2009 es igual a 1.698. La literatura indica que un mercado se considera menos competitivo o que enfrenta niveles moderados de concentración, cuando este número es superior a 1.800.

A lo anterior debe agregarse que el 80% de la energía del sistema es producida por generadores hidráulicos, lo cual indica que esta tecnología es la que podría definir los precios en la mayor parte del tiempo (en las horas de mayor demanda puede haber generadores térmicos definiendo el precio, sin embargo esto sucede unas pocas horas del día). De esta energía hidráulica, el 78% es producida por solo tres empresas (cada una alrededor del 25%) entre las que se encuentra ISAGEN. La situación a futuro tiende a mantenerse, en el mejor de los casos, toda vez que los proyectos más grandes que serán construidos para atender la demanda de electricidad serán ejecutados por estas tres empresas.

Sin duda, autorizar una integración entre generadores existentes con ISAGEN, podría incrementar el riesgo de un abuso de posición dominante y por eso sería deseable que esta empresa quedara en manos de un nuevo jugador. Si esto no sucede, será necesario que se fortalezca la SIC para monitorear oportunamente el mercado y que se le otorguen herramientas de sanción lo suficientemente disuasivas para defender la competencia. Si bien posición dominante no implica un abuso de la misma, la práctica muestra que esto solo se cumple cuando el mercado sabe que los costos o efectos negativos de incurrir en prácticas restrictivas de la competencia superan los beneficios que pueden obtener.